viernes, 23 de julio de 2010
Hoy he visto a Maradona, le he visto junto a alguien que cierra medios de comunicación porque no quieren ser sus voceros, le he visto junto al que se vale de la televisión para proclamar al mundo sus soflamas delirantes, y le he visto junto al que pronto, si nadie lo remedia, entrará en guerra con Colombia. Estaba sonriente y dándole todo su apoyo a ese que venera unos huesos que deberían descansar en paz, y se los arroga como suyos. Pero no es la primera vez. Anteriormente también lo había visto con un revolucionario anacrónico y nepotista, que si en un tiempo tuvo sentido, se le acabó todo sentido en nuestro tiempo. Y me da mucha pena, porque en su día, Maradona fué Dios para mi. Yo en su día fuí hijo futbolístico de Maradona. Hoy me siento como aquella maravillosa película. Hijos de un Dios menor.
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